domingo, 13 de junio de 2010

Capítulo 8: Sorpresa.


- ¿Qué dices? El Chelsea es mucho mejor que el Arsenal.

- Nunca te cansarás de tocarme las pelotas con este tema, ¿verdad?

- No te toco las pelotas, únicamente digo la verdad.

- La verdad es otra -dijo, levantándose del sillón.

- ¿Y cuál es?

Se giró y me miró, poniendo en blanco los ojos.

- ¡Que el Arsenal es mucho mejor que el Chelsea!

- De eso nada -dije, poniéndome de rodillas en el sillón.

Él se acercó y me miró dulcemente.

- Te quiero, pero no te puedo dar la razón en esto.

- No me tienes que dar la razón, simplemente afrontar la realidad.

Él me empujó y me tumbó en el sillón. Yo reí.

Aquella noche la habíamos pasado haciendo el amor y abrazados. Casi no habíamos dormido.

- Hoy es tu último día libre.

- Sí, y he pensado hacer algo especial.

- ¿Qué? -dije, poniéndome de pie en el sillón.

- Sorpresa -dijo, colocándose de espaldas a mí-. Ahora, ¿qué te parece si vaciamos la despensa?

Yo me reí y él me cogió a caballito. Fuimos a la cocina y, sin soltarme, abrió el armario.

- Cereales, mermelada, galletas... ¿Crees que podremos comer todo esto?

- Yo no, pero de ti me espero cualquier cosa. Comes como un cerdo.

Me soltó y me dejó en el suelo, encarándome.

- Tú tampoco te quedas corta.

- Ya, pero al menos yo no hablo con la boca llena.

- ¿Todavía con eso? Tengo que decir lo que pienso rápidamente, sino se me olvida.

- Pues vaya actor estás tú hecho si no te puedes aprender nada de memoria -dije, dándole la espalda para abrir la nevera.

Pronto sentí sus brazos en mi cintura y sus labios en mi cuello.

- ¿Te he dicho hoy que te amo?

- Sí, a partir de las doce cuenta como hoy.

- Joder, se supone que tienes que decir: "No, cariño".

Me giré y le sonreí.

- No, cariño.

- Te amo.

Me besó suavemente, casi con miedo de poder romperme. Cuando se separó de mí hice un puchero.

- Quiero saber adónde me vas a llevar...

- No.

Subió a la habitación y empezó a hacer la cama.

- Porfa... porfavorcito... -dije, poniendo la misma cara.

- Mierda... No hables así...

- ¿Por qué?

- Joder...

- ¿Te molesta que hable así? -pregunté, con ojos de cachorrillo.

- Tampoco me mires así.

- ¿Cómo?

- ¡Raquel!

- Vale, vale... Joder, eres difícil de convencer.

- Lo sé -dijo, con una sonrisilla de superioridad.

Pero aún poseía una de mis armas.

- Aunque, a lo mejor... -me acerqué a él y puse los brazos alrededor de su cuello-. Dímelo...

- Malvada... -me dijo, entrecerrando los ojos.

- Por favor...- continué, mordiendo el lóbulo de su oreja. Le encantaba eso.

- Raquel...

- Rob... Venga, y esta noche tendrás premio...

Noté como se le puso dura al instante.

- ¿Y si no te lo digo?

- Digamos que tendrás que apañártelas solo. Después te saldrán callos.

Él se rió.

- Vale, te lo digo. ¿No te gustan las sorpresas?

- Sí, pero al final siempre dejan de serlo. Soy muy convincente.

- Ya lo veo... En fin, conozco un sitio cerca de la playa... Me gustaría llevarte para ver el atardecer... -dijo, bajando la cabeza y disminuyendo el tono conforme acababa de hablar.

Yo le hice alzarla y le di un beso.

- Te amo.

- Ya me lo has dicho hoy.

Hice otro puchero y se puso a la defensiva.

- Vale, vale, me callo. Eres demasiado peligrosa haciendo eso.

Me reí.

- ¿Vaciamos la despensa?

- No, no comas conmigo, que parezco un cerdo...

- Cariño, eres el cerdo más bonito del mundo.

- Ah, ¿que hay cerdos bonitos?

Me reí.

- Venga, baja a desayunar -dije, tirando de su brazo.

Me sorprendió cuando me cogió de la cintura y me alzó para que mi cara quedara frente a la suya.

- No puedo creer que estemos juntos. Al fin.

- Yo tampoco me lo creo, Sex Bomb.

- Oye, ahora que lo mencionas, yo te tengo que poner un mote parecido.

- ¿Cómo cuál? -dije, bajándome y saliendo de la habitación.

- ¿Sexy Girl? ¿Hottie Girl? ¿Sweet Girl? ¿Perfect Girl?

- Me gustan todos, pero ese último especialmente.

- Muy bien, entonces Perfect Girl.

Bajamos de nuevo a la cocina y yo le abracé la cintura por detrás.

- Por cierto, cuando empieces a trabajar no te estreses mucho. Te puedes perder todas las cosas bonitas del mundo.

- ¿Cómo...?

- Yo.

- Claro, lo olvidaba -dijo, riéndose-. No te preocupes, de ti nunca me voy a olvidar.

- A no ser que llegues a tener alzéimer.

- Joder... Como cortas el rollo, tía.

- Que no, que me encanta que me digas esas cosas. Si es que eres todo un romántico...

- Tú si que eres una romántica empedernida.

- Culpable -dije, riendo.

Preparamos el desayuno (abundante, por cierto) y nos sentamos a la mesa.

Era increíble la facilidad que teníamos de hablar de temas sin sentido. Cualquier chorrada era suficiente para hacer de ella un tema de conversación que podría durar horas.

Luego, estuvimos todo el día viendo películas, tumbados en el sillón, abrazados.

Él me avisó cuando llegó la hora de irnos a la playa desconocida. Nos arreglamos y salimos en mi coche.

Al llegar, me sorprendió el paisaje. Todo era demasiado hermoso.

- Rob... Esto es increíble -dije.

- Me alegra que te guste. Es uno de mis lugares favoritos.

- Ahora sé por qué.

Andamos por la orilla, descalzos, dejando que el agua nos mojara las piernas. En un momento dado, volvió a cogerme a caballito, y no pude evitar reírme cuando casi se cae.

- Eres algo torpe, ¿no?

- ¿Sólo algo? -dijo, entre risas.

Siempre que estoy contenta me da por cantar. Es algo instintivo. Ese momento fue uno de ellos.

- This time, I wonder what it feels like, to find the one in this life, the one we all dream of, but dreams just aren't enough so I'll be waiting for the real thing...

- ¿Nickelback? -preguntó.

- Sí, ¿no te gustan?

- No están mal, pero es que estás chillando en mi oído, y no me hace mucha gracia. No quiero quedarme sordo. Sería terrible.

- Sí, ¡sobre todo porque no podrías escuchar mi dulce voz! -le grité.

- Como sigas gritando te bajo...

- Vale, pero voy a seguir cantando bajito...

Pareció aceptar esa respuesta, porque siguió caminando sin pararse.

- ...so I'll be holding my own breath, right up to the end until that moment when I find the one that I'll spend forever with...

- ¿Eso va por mí? -preguntó.

- Puede ser...

- Por cierto, ¿aún te vuelven loca los helados y el chocolate?

- ¿Más loca de lo que estoy? Parece imposible, pero sí.

- Genial, porque justo allí... -dijo, señalando a lo lejos una pequeña caseta-... hacen unos helados estupendos.

Me bajé rápidamente de él y empecé a correr hacia la tienda de helados.

- ¡El último limpia la casa durante una semana! -grité.

- ¡Joder! -dijo, riendo.

No nos fijamos en la cámara que nos fotografiaba desde lo lejos...

Capítulo 7: Te Amo


Mi coche avanzaba por la bulliciosa carretera. Ya estaba cerca del teatro, no tardaría mucho más en llegar.

Era extraño. Siempre había sido una chica que no se comía demasiado el tarro con las cosas. Pero esos días, en mi cabeza sólo se encontraba Robert. Todo el puto día pensando en él. ¿Tendría razón Vanesa? ¿Me estaría enamorando?

Aún recordaba nuestra noche juntos, mis gemidos, sus gruñidos... Estaba claro que para él sólo había sido sexo, pero... ¿para mí? Le había echado de menos, por supuesto. Pero cada vez que le veía mi corazón latía más y más rápido, y ya estaba deseando acabar de ensayar para volver junto a él.

Me di cuenta de que aquella muralla, aquella fortaleza que había construido alrededor de mi corazón se iba resquebrajando. Los muros caían por su culpa, dejándome desprotegida de nuevo. Como hacía 7 años. No podía dejar que volviera a pasar. Yo... no sentía nada por él. Nada.

Aparqué pero no salí del coche. Yo no sentía nada por él. Ya no... Di un golpe con mis manos al volante. Estaba frustrada. Frustrada por no poder hacer nada, por no poder detener lo que me estaba pasando. No. Frustrada por no haber podido detener lo que pasó y que, a pesar de mis intentos por olvidarlo, había perdurado en el tiempo. Joder, Vane había tenido razón durante todos aquellos años. Y yo la había tratado fatal. Incluso mis padres se habían dado cuenta.

A través del cristal del coche la vi. Joder, empezaba a volverme loca de verdad.

- ¡Raquel!

Incluso me imaginaba su voz. Eso ya era serio...

- ¡Raquel! -dijo, golpeando el cristal de mi ventanilla.

Yo salí del coche, seguramente con una cara demasiado extraña.

- Sí, estoy aquí.

- ¡Vane! ¿Qué... qué haces aquí? -pregunté, asombrada.

- Bueno, dado que hice la carrera de Filología Inglesa, con lo cual sé hablar perfectamente inglés, y me aburría en España, decidí venir. Por cierto, ya sé que te has encontrado con él.

- ¿Có-cómo lo sabes?

- Contactos.

No pude más. Me derrumbé. La abracé, llorando.

- ¿Raquel? ¿Qué te pasa?

- Vanesa, tú... tú tenías razón... Yo... siento algo por él.

- ¿Ves? Te lo dije, pero como no me haces caso nunca... -dijo, en broma.

Yo me aparté y la miré, aún llorando. Ella entendió que no estaba para risas y en su mirada se reflejó la tristeza.

- No, pequeña, no llores.

- Lo hemos hecho, Vane. Me he acostado con él. Pero para mí... Ha tenido un mayor significado. He mandado todo a la mierda.

Ella me abrazó de nuevo.

- Tranquila, pequeña, todo saldrá bien.

- ¿Sabes lo duro que es el amar a alguien y que él no te corresponda?

- Shh... Cálmate.

Mis lágrimas mojaron su camiseta. Me aparté.

- Lo siento.

- ¿Qué dices? -ella también estaba llorando-. No te preocupes.

- Gracias, de verdad.

- ¿Pero cómo me vas a decir eso? -dijo, abrazándome-. Si eres mi amiga, no me tienes que agradecer nada.

Estábamos dando el espectáculo en medio de la calle. Las dos llorando y abrazadas.

- ¿Y si pasamos dentro? -pregunté, limpiándome la cara.

- Sí, claro.

* * * * *

Hablar con Vanesa me había reconfortado mucho. Ambas nos habíamos echado de menos, y el poder decirle a alguien lo que sentía sin tener miedos era todo un alivio. La pregunté si quería venir a casa, pero me dijo que debía resolver todo yo sola. Y tenía razón. Como siempre la había tenido.

Conduje hasta casa. En el teatro habían notado que estaba algo distraída, pero no me dijeron nada. Conforme iba llegando, mi corazón se aceleraba. Sabía que él iba a estar allí, y sabía lo que iba a pasar. Era hora de poner las cartas sobre la mesa.

Cuando aparqué, sentí un nudo en la garganta. Salí del coche y entré en casa. Él estaba sentado en el sofá, viendo la televisión. Nada más verme se levantó y me abrazó. Yo cerré los ojos con fuerza, preparándome para lo que se venía.

- ¿Qué tal te ha ido? -me preguntó.

- Bien -dije, separándome de él. Lo mejor sería eso, ser brusca.

- ¿Qué te pasa? -preguntó, extrañado.

- Necesito hablar contigo -no sabía cómo podía decir aquellas cosas con un tono tan frío.

- Claro.

Nos sentamos en la mesa de la cocina. No quería estar demasiado cerca de él.

- Rob... Me alegro de haberte vuelto a ver. Y espero que no me malinterpretes.

Él esperó. Estaba tenso, se notaba.

- Cuando tuve que volver a España lo pasé muy mal... Sí, no volvería a Inglaterra y dejaría de tener la misma vida, pero... lo que más me importaba era que no te volvería a ver a ti.

Él siguió en la misma posición.

- El segundo año que pasé contigo fue totalmente diferente al primero. Mis sentimientos cambiaron. Rob... fuiste mi primer amor.

Al fin pudo hablar.

- Pero... no entiendo.

- Por favor, déjame terminar -le rogué-. Fuiste mi primer amor y creí que lo había superado. Todos estos años te veía como un ex-compañero, como un amigo. O eso pretendía. Pero he vuelto a verte, y todo eso ha quedado reducido a escombros. Rob... yo aún... aún...

No pude continuar y empecé a llorar. No se cuándo él se acercó y me hizo alzar la cabeza para mirarle.

- Raquel... No llores, por favor.

Yo traté de hacer lo que me pidió.

- Me alegra que me hayas contado todo esto -dijo.

Yo me levanté y caminé lejos de él.

- Rob... He compartido contigo todo. Mi vida, mis sentimientos... Incluso el sexo. Pero para mí no fue sólo eso. Fue algo más. Y no lo he comprendido hasta hoy. Necesito que te vayas. Yo... no puedo vivir contigo nunca más. Nunca.

Su mirada se entristeció.

- Raquel... ¿no te das cuenta?

- ¿De qué?

- ¿Nunca te diste cuenta de que yo sentía lo mismo que tú?

- ¿Cómo? -mi corazón no iba a conseguir la cantidad suficiente de oxígeno para seguir funcionando.

- Tú también fuiste mi primer amor. Y cuando te fuiste me refugié en una máscara de indiferencia, pero en realidad lo pasé mal.

Me quedé muda.

- Yo... no tenía idea...

- Ni yo de lo tuyo. ¿Ves lo tontos que fuimos?

Asentí con la cabeza.

- De todas formas, -continué- lo pasado ya no existe...

Él siguió mirándome de aquella manera.

- ...¿no?

Se fue acercando hasta estar a milímetros de mí.

- ¿Rob?

- Te juro que si pudiera contenerme lo haría. Pero no puedo.

Tomó mi cara entre sus manos y me besó. Dulcemente, cariñosamente.

Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos otra vez. Mis manos fueron a su cara, acariciándole las mejillas. Entonces él empezó a llorar. Nunca le había visto llorar. Ambos sabíamos lo que ese beso significaba. Y pronto empezamos a dejarnos llevar por las necesidades y dejamos de pensar. Sólo respondimos a nuestros instintos. Solamente eso.

Mis manos fueron a su nuca, acercándole más a mí. Las suyas fueron descendiendo, y yo pensé que se pararían en mi cadera, como las anteriores veces, pero siguieron descendiendo. Hasta mi culo. Ahí me apretó contra él y pude sentir su excitación. Gemí. Gimió.

Enrolló mi pierna alrededor de su cintura y yo enrollé la otra. Me posó sobre la mesa de la cocina. Aquello estaba siendo increíblemente dulce y erótico. Empezó a besar mi cuello, y mis jadeos se intensificaron. Pero no me avergonzaba. Eso era lo que sentía. Le deseaba. Demasiado.

Pronto nos deshicimos de nuestras ropas, en aquel momento inútiles. Él dejó un rastro de besos desde el valle de mis pechos hasta mi ombligo. Me miró y siguió bajando.

- Rob... -gemí, anticipándome a lo que me iba a hacer.

Sentí su boca en mi sexo, dando pequeños besos. Pero enseguida pasó a trabajar con su lengua en mi clítoris.

- ¡Rob! -grité.

Él gimió, y aquello mandó una corriente de electricidad por todo mi cuerpo. Sus manos dejaron mis caderas para descender hasta aquella zona de placer. Sus dedos se introdujeron en mí. Yo arqueé mi espalda.

- Joder... Robert...

- Dios, Raquel... córrete para mí...

Gemí en respuesta. Sus dedos empezaron a entrar y salir más rápido, y yo, instintivamente, empecé a mover mis caderas. Mi cuerpo estaba bañado en una capa de sudor, y aquel cúmulo de placer amenazaba con explotar. De nuevo empezó a utilizar su boca y eso fue el culmen.

- Robbie, Robbie, Robbie!!! -grité, alcanzando el orgasmo.

Él subió por mi cuerpo para besarme. Mi sabor en su boca hizo que me excitara aún más. Yo le tumbé en la mesa y empecé a bajar por su cuerpo desnudo.

- Raquel... No hace falta que lo hagas -dijo.

- Pero es que quiero hacerlo.

Él gimió y yo seguí descendiendo, repartiendo besos por todo su magnífico cuerpo, hasta llegar a mi premio. Le di un pequeño beso en la punta y el gimió en respuesta.

- Por favor... -dijo.

Estaba suplicando. Me estaba suplicando a mí. Eso me hizo sentir grande.

- ¿Qué quieres, Big Boy?

- Raquel... -gruñó.

Yo le di una pequeña lamida.

- Si no me dices lo que quieres no podré hacerlo bien...

- Joder, Raquel... Mámamela...

El Rob agresivo había llegado. Yo metí todo su sexo en mi boca, y empecé a bombear. Él gimió en cuanto sintió que le rodeaba y sus caderas empezaron a moverse. Yo se las sujeté y vi que sus manos estaban sujetas a los bordes de la mesa. Las cogí y las puse en mi pelo. Empezó a marcar el ritmo.

- Joder... así...

- ¿Te gusta? -pregunté, arañando sus testículos.

- Me encanta -gimió.

Volví a lo mío y segundos después me avisó.

- Raquel... aparta... voy a...

- Ya lo sé -dije.

Explotó en mi boca. Su sabor era mejor de lo que me había imaginado. Subí por su cuerpo y le besé, como él había hecho conmigo.

- ¿Necesitas descansar? -le pregunté.

Él me miró y después miré hacia abajo.

- ¿Los hombres no tardáis en recuperaros? -dije, asombrada.

- Supongo que soy la excepción.

Él cogió mis caderas y las posicionó sobre las suyas.

- Quiero que me montes -dijo.

Yo gemí. Coloqué su miembro en mi entrada y empecé a introducirle en mí, hasta que llegué al final. Empecé un vaivén lento y tortuoso, pero no pude controlarme, y a los pocos segundos ya estaba saltando sobre él.

Él se sentó y empezó a chupar mis pechos. Yo no podía decir nada, estaba en éxtasis. Pero él parecía tener el suficiente aire para hablar.

- Joder, Raquel... me encanta tu coño...

- Móntame, más rápido...

- Me encanta cómo botan tus tetas...

Ambos llegamos a la vez al orgasmo, jadenado y sudando.

- Te amo -dije, sin vergüenza.

- Y yo a ti, Raquel. Yo también te amo.

viernes, 11 de junio de 2010

Capítulo 6: Un Nuevo Día.


Al día siguiente, cuando desperté, me pareció estar viviendo una experiencia extracorporal. Noté sus brazos a mi alrededor, rodeando mi cintura; su aliento chocando con mi nuca; sus piernas entrelazadas con las mías.

Fue difícil salir de la cama en esa situación, pero había que empezar el día. Al levantarme, él se movió y cambió de posición. Aún seguía dormido. Totalmente desnuda, me encaminé hacia el baño. Noté la debilidad de mis piernas (realmente el tío era bueno).

Me lavé los dientes y la cara, y traté de peinar mi pelo, que se había convertido en una indomable melena de leona (siempre me pasa cuando duermo con el pelo suelto).

Entonces me fijé en las marcas. Aquellas putas marcas. Chupetones en el cuello y alrededor de mis pechos. Cuando se levantase se iba a enterar.

Lo más curioso era que no sentía ninguna vergüenza de haberme acostado con él. Teníamos mucha confianza y ya habíamos compartido hasta el sexo. Habíamos llegado al límite. Y, aunque sólo era placer carnal, había sido increíble, como él había dicho. Ambos sabíamos complacer al otro, sabíamos todas nuestras necesidades. Teníamos una gran compenetración.

El hambre empezó a hacer acto de presencia. Volvía a la habitación y cogí la camiseta de Rob, me puse unas bragas, me hice una coleta y fui a la cocina a preparar el desayuno.

Yo sin música no soy persona, y en ese momento no iba a ser menos. Puse un CD con el volumen bajo (no quería que Rob se despertara), y empecé a hacer los huevos revueltos. Pronto mis caderas empezaron a moverse sin que yo me diera cuenta, y a los pocos segundos ya estaba tarareando y meneando mi cuerpo ligeramente mientras cocinaba.

- ¿Qué haces, Raquel? -preguntó, detrás de mí.

Salté en respuesta. Él empezó a reírse y se acercó a mí.

- ¿No sabes avisar? Menudo susto me has dado...

- Perdona, es que te he visto hacer el payaso y quería burlarme un poco.

- Ja, ja -me reí sarcásticamente.

Se había puesto sus pantalones y nada más. Iba descalzo y sin camiseta. Normal, la tenía yo.

- Mira dónde estaba. La he estado buscando -dijo.

- Oh, perdón, pensé que no te importaría.

- No te preocupes. No me la iba a poner.

- Espero no haberte despertado con la música. ¿Quieres desayunar?

- Estaría genial, gracias. Además, huele estupendamente. Y no, no me has despertado.

- Por cierto -dije, enseñándole mi cuello-. ¿Estás seguro de que no eres un vampiro?

Él se empezó a reír.

- ¿Estás segura de que no eres una vampiresa? -preguntó, mostrándome la zona de su yugular. Un enorme chupetón había formado allí su casa.

- Joder... Bueno... No lo sabía...

- Ya -dijo, riéndose.

Yo también me reí. Me di cuenta de que había algo en mí que no deseaba que todo eso acabase. No quería que fuera sólo una noche. Quería que fueran todas. Alejé esos pensamientos de mi mente y seguí cocinando. Hice huevos revueltos y bacon, tostadas, exprimí zumo y puse una cafetera.

Desayunamos juntos, uno enfrente del otro. En el momento no me daba cuenta, pero luego me ponía a pensar y siempre que estaba con él acababa con dolor de mandíbula. Era un tío divertidísimo, sarcástico y sencillo, con el que se podía hablar de todo. Aunque seguía hablando con la boca llena.

- ¿Hoy tienes que trabajar? -pregunté.

- No, tengo un par de días libres antes de empezar a rodar.

- Puedes quedarte aquí si quieres, pero yo sí tengo que irme.

- ¿Al musical? ¿Qué tal va?

- Bien. Estoy muy contenta. Todos creemos que va a salir estupendamente.

- Iré al estreno -dijo, sonriendo.

- No es necesario.

- En serio, quiero ir. Será divertido ver cómo te equivocas en medio del escenario.

Le miré con odio fingido.

- No me equivocaré, no te preocupes.

Me levanté de la silla y empecé a recoger los platos. Él me cogió del brazo y me apartó.

- No, me encargo yo. Encima que me has hecho el desayuno...

- Rob, de verdad, no hace falta...

- Mira que eres cabezota. Además, te tienes que ir.

- Gracias -dije, dándole un beso en la mejilla.

- Si me vas a dar un beso, dámelo bien -repuso.

Yo sonreí y le besé. Fue rápido y dulce. Un pico. Subí las escaleras y volví al baño para ducharme.

Esa noche habíamos aclarado un tema que me preocupaba. No sabía si tenía novia. O si le interesaba alguien. Estaba soltero. Él me preguntó lo mismo, y le di la misma respuesta.

Mientras el agua caía sobre mi cuerpo, recordé a Vanesa. Sus palabras y la forma en la que me sacaba de quicio. La muy cabrona tenía razón. En lo de Sex Bomb, en lo de que me gustaba no. Estaba claro. O eso creía...

jueves, 10 de junio de 2010

Capítulo 6: Sex Bomb.

Nos quedamos dormidos después de unos minutos. Había sido el mejor polvo de toda mi puta vida. Y lo más extraño era que había sido con mi mejor amigo. Con alguien a quien consideraba en ese momento como mi hermano (al menos, la mayor parte de mí, menos mi conciencia).

Me desperté cuando era hora de cenar. Miré el reloj y me desperecé. Rob estaba a mi lado, dormido, pero sintió mis movimientos y también se despertó. Su torso asomaba por encima de la sábana, que cubría tan solo por debajo de su cintura. Se sentó en la cama y se pasó una mano por su pelo. Me hizo gracia ver que lo seguía haciendo aún cuando lo llevaba corto.

Yo seguía tumbada boca arriba en la cama, y sonreí a Rob cuando me miró, con los ojos entrecerrados.

- Hola -dije.

- Buenas.

Ambos nos quedamos en silencio. Realmente ese momento estaba empezando a ser algo incómodo.

- Rob... ha sido increíble.

- Lo sé. ¿Ves como estás más lanzada? -dijo, tumbándose a mi lado y mirándome.

- Sí. Y tú eres toda una caja de sorpresas. No me imaginé que fueras un...

"Sex Bomb". Las palabras de Vane vinieron a mi mente. Realmente tenía estilo en la cama.

- ¿Ya estás otra vez pensando en que soy sexy? -preguntó, sonriendo.

- No, pensaba en que eres realmente bueno en la cama.

- Bueno, igualmente es un piropo, así que me vale.

Ambos nos reímos.

- ¿Quién iba a pensar que después de tantos años íbamos a acabar así? -preguntó.

- Ya... Todo es tan raro...

Mi estómago hizo acto de presencia con un rugido que desbancaría al de cualquier león.

- ¿Hambre? -dijo él.

- Mucha.

- ¿Te ayudo a cocinar?

- Mejor no, podrías causar un incendio en la casa.

- Qué bien me conoces... Por cierto, ¿no hace mucho que estás aquí y ya tienes casa?

- Es alquilada.

- Entonces todo cuadra -se rió.

- Se me ha ocurrido algo que nos encantaba cuando éramos niños y seguro que ahora también...

Nos miramos fijamente y en unos segundos su mirada pareció traspasar la barrera de mi cerebro y leer mis pensamientos. Ambos exclamamos con risas.

- ¡Burguer King!

* * * * *

Estábamos en la cocina, devorando la comida que habíamos comprado en el Burguer. Rob pegó un bocado a su hamburguesa y el ketchup le chorreó por la barbilla.

- ¡Mira que eres cerdo! Anda, deja... -cogí una servilleta y le limpié, como si fuera un niño pequeño.

- Sé hacerlo yo solo -dijo, con la boca llena.

- ¡Ay! ¡No hables con la boca llena! ¡Eres un grosero!

- Siempre he sido así, y lo sabes -siguió hablando con la boca llena de comida.

- ¡Que dejes de hacer eso!

Tragó y habló.

- ¿Así?

- Sí. Pareces un crío de tres años. ¿Nunca te han dicho que eso es de mala educación?

- No lo recuerdo, puede que sí.

Los dos nos reímos. Yo cogí una patata y me la metí en la boca para después beber un sorbo de mi refresco. Me di cuenta de que me miraba fijamente.

- ¿Qué? -dije

Él no contestó.

- ¿Me he manchado? ¿Tengo algo entre los dientes? -pregunté, tapándome la boca.

- No, no. Simplemente... Estás...

- ¿¡Qué?!

- Caray, ¿por qué las chicas siempre pensáis lo peor? -preguntó, riéndose.

Yo le miré, algo enfadada.

- Iba a decir que estás sexy...

Mi cara de enfado pasó a una de perplejidad, que pasó a una de timidez, que pasó a una de picardía.

- ¿Ah, sí?

- Ajá... -dijo, mientras seguía comiendo.

Yo me levanté y me coloqué detrás de él, con la cabeza agachada para poder besarle el cuello.

- Muchas gracias...

"Dilo".

-...Sex Bomb.

Él se atragantó con las patatas que tenía en la boca.

- ¿Qué me has dicho?

- Sex Bomb.

Se pusó de pie y se me quedó mirando.

- Muy bien, Princess...

- Mi otro mote.

- Sí. ¿Qué tal si me ayudas a descubrir por qué me llamas así?

- ¿Y si no quiero?

- ¿Tú de verdad piensas que no vas a querer?

No acabamos de cenar.

Capítulo 5: Desatando pasiones.



Mi piel se erizó al instante. El beso era lento, tortuoso y sensual. Sus labios recorrían los míos con una facilidad increíble. Mis manos seguían apoyadas en la mesa que tenía atrás. No sabía qué hacer. Sin embargo, sus manos estaban posadas en mi cintura, apretándome a él. Y a "él".

Entonces, supe lo que estaba pasando. Todo era muy precipitado. No sin esfuerzo, puse mis manos en su pecho y le aparté de mí. Los dos respiramos agitadamente, y él me miró confuso.

- ¿He hecho algo malo? -preguntó.

- Bueno... Hace un montón de años que no nos vemos, nos reencontramos y de repente esto... No sé que pensar.

Él se apartó un poco de mí, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y agachó la cabeza.

- Bueno... No me he podido resistir... y después me has besado y... me descontrolé...

Un gemido amenazó con salir de mis labios. ¿Cómo podía ser tan extremadamente sexy?

- ¿No te ha gustado? -me preguntó, mirándome.

- No... Bueno, sí. Pero... no sé... Ha pasado tanto tiempo...

Ambos nos quedamos en silencio durante unos segundos. Entonces él habló.

- ¿Nunca has tenido una aventura?

Creí que me desmayaría.

- ¿Qué?

No contestó, sólo me miró fijamente.

- Sí, alguna noche, pero eso es diferente... Tú y yo nos conocemos desde hace años...

- Pues mejor -dijo, volviéndose a acercar-. Hay más confianza.

Instintivamente, eché mi cabeza hacia atrás. Él captó el gesto y se paró.

- Está bien, no haré nada que tú no quieras -dijo, agachando de nuevo la cabeza. Parecía haber encontrado el césped de lo más interesante en ese momento.

"Joder, capulla, esta es tu oportunidad... No la dejes pasar... Mejor esto a nada..."

No pude controlarme. Alcé su cabeza y le besé apasionadamente. Él pareció sorprendido, pero después me respondió gustoso. Sus manos volvieron al sitio en las que se encontraban al principio, agarrando mi cadera. Las mías se colocaron en su nuca, intentando mostrar con ellas mi necesidad al acercar su cara a la mía aún más. Volví a sentirle, duro y excitado, contra mi estómago. Gemí, menos mal que en voz lo suficientemente baja para que sólo me oyera él.

- ¿Tienes algún lugar en mente? -dijo, entrecortadamente.

- Ven -respondí.

Fuimos a mi coche. Ni siquiera nos despedimos. Ambos estábamos demasiado excitados. Mis pezones se notaban a través de mi vestido, y el bulto en su pantalón era más que evidente. Empecé a conducir hacia mi casa, algo distraída, ya que Rob no paraba de acariciarme el muslo.

- Rob... Si no quieres que tengamos un accidente, deja de hacer eso.

- ¿Por qué? ¿Te desconcentro? -preguntó, acariciando un poco más arriba.

Me mordí el labio inferior.

- Bastante.

Él paró, pero no dejó de mirarme en todo el trayecto. Sus ojos, totalmente oscurecidos, me observaban hambrientos. ¿Por qué se me estaba haciendo el viaje tan largo? Oh, sí. Porque estaba caliente. Muy caliente.

Banda sonora: El Templo del Placer, Lucybell.

Al fin llegamos a nuestro destino. Bajamos apresurados y yo saqué las llaves. Estaba tan nerviosa que no atinaba a meterlas en la cerrradura. Al fin pasamos dentro, cerré la puerta con el pie y volvimos a lo nuestro.

Nuestros labios volvieron a encontrarse, pero esta vez con nuestras lenguas. Éstas hacían una danza erótica en nuestras bocas a la vez que nuestros brazos recorrían nuestros cuerpos.

Él cogió mis manos y las puso sobre la pared, sujetándolas con las suyas. Empezó a besar mi cuello, enterrando su cara completamente en él, pegándole pequeños mordiscos que hacían que yo gimiese.

Mi respiración estaba completamente acelerada, al igual que la suya. No sé cómo, conseguí zafarme de su agarre y le llevé hasta mi habitación. Allí le empujé suavemente y le senté en la cama. Él parecía disfrutar con todo eso.

Empecé a quitarme el vestido lentamente, hasta dejarlo caer en el suelo. No llevaba sujetador. Él se levantó y empezó a besar mis pechos. Yo puse mis manos en su cabeza, dejándole claro lo que quería. Empezó a chupar mis pezones y ahí fue cuando me di cuenta del efecto que podía causar en mí.

- Rob... joder... -murmuré, arqueando mi espalda para que tuviera un mejor acceso.

Él pareció entender y los empezó a morder suavemente, haciendo que mis gemidos se intensificasen. Pero todavía tenía demasiada ropa.

Le aparté y le quité la chaqueta y la camiseta, dejándole desnudo de cintura para arriba. Pasé mis manos por su clavícula, por su pecho, su estómago, y cuando me aventuré a acariciar bajo el ombligo, todo su cuerpo se estremeció. Recorrí con mi dedo índice aquella línea de vello que llevaba hacia aquel lugar prohibido que deseaba tanto.

Nuestras bocas de nuevo se unieron, mientras yo desabrochaba los botones de su pantalón y le bajaba la cremallera. Con un movimiento de piernas se lo quitó, y entonces ambos quedamos igualados, tan solo con una prenda de ropa encima.

Él me cogió al estilo novia y me dejó en la cama, suavemente. Después, empezó a besar el hueso de mi cadera, pasando su lengua y humeciéndolo. Bajó un poco más y arrastró con sus dientes mis bragas hasta quitármelas.

Giré y me coloqué encima de él. Empecé a besar su cuello, moviendo mis caderas encima de las suyas, haciendo que nuestros sexos tuvieran un mínimo de contacto. Él gimió.

- ¿Te gusta? -pregunté, mordiendo el lóbulo de su oreja.

- Joder, Raquel... Me vuelves loco... -gruñó.

Eso aumentó mi ego. Seguí bajando, haciendo un camino de besos a lo largo de su cuerpo hasta llegar a mi destino: sus boxers. Allí mordí suavemente por encima de la tela.

- Joder... -gimió.

Poco a poco se los fui bajando, y su miembro erecto quedó a la vista. Estoy segura de que mis ojos se abrieron desmesuradamente.

- ¿Te gusta lo que ves? -dijo.

Yo le miré a los ojos.

- Sí... Nunca me hubiera imaginado este tamaño...

Él giró para volver a colocarse encima mía. Sus dedos fueron hasta mi sexo, comprobando si estaba preparada.

- Rob... por favor...

- Joder... estás increíblemente mojada...

- Sí... Rob, te necesito... ahora...

No se lo pensó y entró en mí de una estocada, moviéndome hacia arriba en la cama. Yo grité.

- ¡Rob!

Empezó a moverse, al principio lentamente para después aumentar el ritmo.

- Dios... Raquel, estás... tan estrecha...

- Rob... más rápido... por favor...

Siguió con sus embestidas frenéticas. El cabecero de mi cama golpeaba contra la pared, y los muelles empezaron a sonar. Los dos estábamos sudando, y empecé a sentir como llegaba mi orgasmo.

- ¡Robert! ¡Me... vengo...!

- ¡Sí! ¡Joder, vente para mí!

Acabamos a la vez, exhaustos y con una sonrisa en la cara. Él apoyó la cabeza en mi pecho y yo cerré los ojos. Había sido...

- Increíble -dijo él.

sábado, 5 de junio de 2010

Capítulo 4: De Nuevo Contigo.

- Ra-Raquel -dijo.

Yo tragué saliva y sonreí. ¿Por qué mierda me ponía tan nerviosa?

- Me alegro de verte -me acerqué y le di un beso en la mejilla.

- Yo también, pero... Guau, todavía estoy en shock -dijo, riéndose.

Yo le acompañé con mi risa.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado? 7 años, ¿no?

- Sí -me alegraba saber que se acordaba de mí. En persona era muchísimo más guapo que en cualquier foto-. No has cambiado casi nada... Bueno, sí, tienes un poco más de barba -bromeé.

Él volvió a reír.

- Sí, supongo. Tú sí has cambiado.

- ¿En serio? La mayoría de gente dice que estoy igual.

- Bueno, no me refiero físicamente. Te veo... más decidida, más... lanzada.

- ¿Eso se puede percibir con la vista?

- Recuerdo que de pequeña nunca mirabas a los ojos y te daba miedo hablar con gente nueva.

- Sí, eso es verdad. Pero hace tiempo comprendí que la vida son dos días.

Él se puso serio. ¿Se había acordado, en serio?

- ¿Qué tal tu madre?

Sí, se había acordado.

- Bien, todo superado. Es muy fuerte.

- Me alegro. No os merecíais que os pasara nada malo. Aún recuerdo sus pasteles -dijo, relamiéndose.

Yo me reí y retomé la conversación.

- Bueno, aunque hemos superado ese bache, no hemos estado libres de problemas.

- ¿Y eso? Ven, siéntate y cuéntame.

Nos sentamos en unas sillas apartadas de la multitud, en la sombra.

Le conté todo lo de mi abuela, los problemas que tuve en el instituto, cómo había llegado a Los Ángeles... Parecía mentira que con el tiempo que habíamos pasado separados, aún confiáramos tanto el uno en el otro. Él me contó cómo había empezado a hacer películas, qué tal estaba su familia y lo poco que le gustaba la fama.

- ¿Sigues teniendo a Patty? -pregunté. Su perrita era toda una preciosidad.

- Sí, sigue en casa.

- Bien, era la única madura de la familia.

Seguimos riendo y bromeando. Fuimos a por unas bebidas y volvimos a nuestro sitio. En ese momento no pude resistirme. Le abracé.

- Rob, en serio me alegro de verte.

Él pareció sorprendido al principio (joder, incluso yo lo estaba), pero rápidamente me devolvió el abrazo.

- Spanish Girl, yo también me alegro.

Cerré los ojos y disfrute de esa sensación. Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así.

- Te acuerdas, ¿verdad?

- Claro, Big Boy.

Recordamos nuestros motes. Yo le llamaba Big Boy porque siempre estaba alardeando de ser mayor que yo.

- Por cierto, dentro de un rato voy a cantar -dije, separándome de él.

- ¿En serio? Me encantará oírte. Siempre has tenido una voz increíble.

Michael me llamó entre la multitud.

- Preciosa, ven, ya es hora de que deslumbres.

Rob y yo nos miramos.

- Puede que no sea dentro de un rato... -me reí.

Michael me cogió del brazo y me hizo atravesar todo el jardín para ir a un pequeño escenario que habían montado. John se subió a él y me presentó. Yo cogí mi guitarra, me senté en una silla en medio del escenario y empecé a cantar.

Banda sonora: "First day of my life", Melanie C.

Toqué la introducción para poder dar comienzo a la canción. Mi voz empezó a sonar, inundando el jardín.

Toda la gente me miraba, y pude divisar a Rob, que me sonrió y alzó sus pulgares en un gesto de ánimo. En mi estómago empezaron a revolverse unas mariposas que ya creía olvidadas. Que estaban olvidadas.

Aparté mi vista de él y me concentré en la canción. Me puse en pie y toda la gente me aplaudió. Entre el griterío pude oír su voz: "¡Eres fantástica, Raquel!". No pude evitar sonreír.

Cuando acabé la canción, todos empezaron a silbarme. Michael y John se acercaron a mí y me felicitaron por mi actuación. Después, me fui a una mesa a por un vaso de agua. Su olor inundó mi nariz.

- Simplemente increíble -dijo.

Yo me giré, sonriendo.

- Gracias. ¿Por qué no cantas tú algo? Ya sabes que me encanta tu música.

- Sí, siempre me pedías que te cantara cosas.

En ese momento pude apreciarle claramente. Pantalones negros, chaqueta marrón, gorra... Se la quité y ahogué un grito de sorpresa.

- ¿Te has cortado el pelo?

Él se pasó una mano por su cabeza.

- Sí, exigencias de guión.

- ¿De qué película? -dije, dando un sorbo de mi vaso.

- Water of elephants.

- Ah, sí. Con Reese Witherspoon.

- Ajá...

"¿Has visto? Si es que es sexy hasta con el pelo corto..."

"Cállate".

"Díselo. ¿Qué puede pasar? A lo mejor te sale bien la jugada..."

- ¿En qué piensas? -me preguntó.

"Tierra trágame".

Mi lengua pareció tener vida propia y lo soltó.

- En lo sexy que estás.

"Puta conciencia de mierda".

Él abrió sus ojos para después sonreír.

- Vaya, gracias. ¿Ves como acerté en lo de que estás más lanzada?

- Ya...

Él puso sus brazos a ambos lados de mi cuerpo, dejándome atrapada entre su pecho y la mesa.

- ¿No me vas a decir que yo también estoy más lanzado?

Entre mis piernas se empezó a formar un mar entero. Nunca me había mojado con un chico por el simple hecho de que se me acercara tanto.

- Rob, tú no eras ningún bebé en cuestión de chicas.

- ¡Pero si me da vergüenza hablar con ellas!

- Puede ser, pero las atraes con tu mirada y con tu sonrisa para que empiecen la conversación...

- Mmmm... -dijo.

Fijó la vista en mis labios. Yo me mordí el inferior. Sus ojos se oscurecieron. Mi mar se convirtió en océano. No pude aguantar más y le besé. Él puso sus brazos en mi cintura.

"¡Gracias, conciencia!"

Capítulo 3: Reencuentro.



Una hora más tarde...

- ¡Oye! ¿Por qué no vemos Crepúsculo?

Yo resoplé. A veces era insoportable.

- ¿Si la pongo te callarás?

- Te doy mi palabra.

Puse el DVD y nos sentamos en el sillón. Cuando llegamos a la escena de la cafetería, la primera vez que Edward y Bella se ven, creí que la daría un infarto.

- ¿Has visto? Si es que es un bombón. Y esa sonrisa de lado... Me mata, ¡me mata! Dios, si es que está para violarle...

- ¡Vane!

- ¿Qué quieres? Mis hormonas están revolucionadas. ¿Y si quitamos esta y ponemos Luna Nueva? Pero cuando sale sin camiseta, ¿eh? ¿Viste qué cuerpazo? Si es que está como quiere... Se podría rayar chocolate y moler café en esos abdominales...

- Bueno, vale ya -me levanté y quité la película. Ya me había mosqueado. ¿No se podía callar o qué?

- Joder, como te pones... Perdona...

- ¡Ni perdona ni ostias! ¡Te he dicho hace un buen rato que te callaras y tú sigues, tía! ¿Estás sorda o qué?

Me fui a la cocina y cogí un vaso de agua. Ella vino corriendo.

- Perdona, pero si te jode que hable de él es tu problema por no admitir que te mola. Y a mí no me vuelvas a hablar así en tu puta vida.

Dejé el vaso en la encimera y me giré para mirarla.

- Lo siento... Es que me molesta mucho todo ese escándalo...

Se abrió la puerta de la entrada y apareció mi madre.

- ¡Hola, Vanesa! No sabía que estabas aquí.

Entró a la cocina y se olió lo que pasaba.

- ¿No me digáis que os habéis enfadado? ¿Por qué?

- Por Robert Pattinson -dijo Vane.

Mi madre se rió por lo bajo.

- ¡Mamá, tú también no, por favor!

- Lo siento, cariño, pero es demasiado obvio. Puede que no te guste en el sentido de estar enamorada, pero está claro que sientes por él una fuerte atracción...

- De eso nada.

- Cariño, haz lo que quieras, pero no lo pagues con los demás. De todas formas, ya sabes lo que pienso yo...

- Mamá, no fue culpa tuya que yo me fuera de Inglaterra. Yo lo elegí. Porque quería estar contigo. No empieces otra vez.

- Bueno... Por cierto, en el buzón había unas cartas. Hay una para ti. Las dejo aquí.

- ¿Dónde vas? -dije, viendo como volvía a abrir la puerta.

- Voy a comprar una cosa con la madre de Sonia. Después nos vemos. Hasta luego, Vanesa.

- Adiós, Carmen -dijo.

Cuando se fue, cogí mi carta y la abrí. La leí y supongo que debí de parecer un fantasma, porque Vane empezó a decirme que estaba muy pálida. No podía hablar. Le di la carta y ella la leyó.

- "Tenemos el placer de informar... bla, bla, bla... bla... ha sido aceptada para formar parte del musical!!!".

- Sí, ¡sí! -grité.

- ¡Esto es fantástico! ¡Verás que contentos se pondrán tus padres! ¡Te vas a Los Ángeles!

* * * * *

Todo esto había pasado hacía unos días, y en ese momento ya estaba en la famosa ciudad perteneciente a California. Había empezado a ensayar y todo era increíble. Pero todo se volvería aún más increíble.

Pronto me hice amiga de un hombre con el que trabajaba. Michael era mayor, echadle 40 y tantos años (nunca pregunto la edad a la gente, es de mala educación) y era como mi hermano mayor, bastante más mayor. Me presentó a algunos de sus amigos, entre los que estaba John Stamos. Hablamos de la obra y Michael empezó a decir que yo cantaba como los ángeles (literalmente lo dijo, no es que yo me esté echando flores), y John me propuso cantar en una fiesta sorpresa que iban a hacer a un amigo. Acepté y el día 22 me presenté en su casa. Había un montón de invitados y yo no conocía a casi nadie. Además, era la "bebé" del grupo. Oye, 22 años no son tan pocos.

Me acerqué a una mesa y me serví una bebida. Una voz a mis espaldas me sobresaltó.

- Perdona, ¿nos puedes alcanzar esa jarra, por favor?

- Claro.

La cogí, me giré para dársela y antes de que pudiera hacerlo casi se me cae al suelo. No por la mujer que me había hablado, en realidad esa me daba igual, sino por el chico que estaba a su lado. Aquel chico del que había estado pillada durante algún tiempo...

- Robert -murmuré.

Él se quitó las gafas de sol que llevaba y me miró.

- ¿Ra-Raquel?

miércoles, 26 de mayo de 2010

Capítulo 2: ¡¿No puedes cambiar de tema?!


- Te juro que si yo fuera tú, haría todo lo posible por contactarme con él.

Mi amiga Vanesa y yo estábamos en el gimnasio haciendo spinning. Íbamos frecuentemente juntas, así era menos aburrido. Siempre sacábamos algún tema de conversación, y ese día tocó el de Robert Pattinson. Otra vez.

- Te he dicho mil veces que no hay forma. ¿Eres dura de oído o qué?

- Capulla. ¿Cómo puedes desperdiciar una oportunidad así?

- ¿Pero qué oportunidad? No hay ninguna oportunidad.

- Joder... Con la excusa del reencuentro, del tiempo que pasásteis juntos... a lo mejor...

- Mira, hay veces en las que te odio.

- ¿Por qué te molesta tanto hablar de él? -me preguntó, con una mirada de interés-. ¿Acaso no has podido olvidarle?

- ¿Qué dices? ¡Claro que le he olvidado! Simplemente las cosas son como son...

"Mentira".

"¡Cállate!"

Oh, sí, había olvidado comentarlo. Tengo diálogos internos. A veces pienso en ingresar por voluntad propia en un psiquiátrico...

- No te creo nada -me dijo, fijando la vista al frente.

- Pues no me creas, ese es tu problema.

"Y el tuyo, porque tampoco te lo crees".

"¡Que sí!"

"¿Sabes que la razón no está de parte de quien grita más, verdad?"

¿Por qué mierda tenía una conciencia tan asquerosa? Era como un Pepito Grillo tocapelotas.

- Tú, ¿nos vamos ya? Hemos superado el récord -dijo Vanesa, bajándose de la bicicleta.

- Vale. Pero deja de hablar del tema.

Me miró con odio y se alejó a los vestuarios murmurando algo de "aparentar cosas que no son".

- ¡Te he oído!

- ¡Mejor! -gritó, a lo lejos.



* * * * *



- ¿Tú madre no está? -me preguntó Vanesa cuando llegamos a mi casa.

- No, ha ido a tomar café con unas amigas. ¿Quieres algo?

- Un refresco. Necesito algo frío.

- ¿Quieres mejor que te meta hielos por el culo? -dije, mientras abría la nevera y sacaba un par de coca colas.

- Mira que eres rencorosa. Me tendrías que dar las gracias. Te he hecho caso y no he tocado el tema de tu Sex Bomb.

- ¿De mi qué?

- Sex Bomb.

Por mi mente calenturienta empezaron a pasar imágenes de Rob que corroboraran aquel nombre...

- Joder, Vane, una cosa es que te guste...

- Como a ti.

La miré, advirtiéndola.

- ... y otra es que le pongas nombres ridículos.

- ¿Crees que es ridículo? Puede que tú no lo sepas, pero seguro que ese bombón tiene estilo en la cama.

- ¡Cállate ya! -dije, mientras abría mi lata y daba un trago.

- ¿Acalorada? -dijo, mirándome inquisitivamente.

- ¡Dios, por qué a mí! -grité.

Ella se rió.

- Oye, ¿y el trabajo este que estaba por salirte?

- Oh, no sé, aún no me han dicho nada.

- Te irías a Los Ángeles...

- Sí.

"Ahora dirá que me echaría de menos. Si es que en el fondo..."

- Podrías quedar con él...

Ahí exploté.

- ¿¡Es qué no puedes cambiar de tema?!

- Jesús, está bien. Cuando te enfadas pareces un troll.

Le eché una de mis miradas asesinas más intimidantes.

- Vale, me callo -dijo, haciendo el gesto de la cremallera sobre sus labios.

Iba a ser una tarde muy larga...

martes, 25 de mayo de 2010

Capítulo 1: Sexy Man

Encendí la televisión y apareció la presentadora de un programa del corazón. Cogí el mando para cambiar inmediatamente de canal (odio los cotilleos) pero no pude dar al botón. Me quedé inmóvil cuando apareció el reportaje.

- El vampiro más sexy de todos los tiempos, Robert Pattinson, cumple hoy 24 años. Su cara, hasta hace unos años desconocida, pertenece ahora al mundo de Hollywood. Su papel de Edward Cullen, el atractivo vampiro vegetariano, le ha lanzado al estrellato, y su belleza ha sido aplaudida en numerosas ocasiones. Ha sido nombrado el más elegante y el más sexy, y multitud de proyectos esperan contar con él. La posible relación sentimental entre él y su compañera de reparto, Kristen Stewart, nos hace preguntarnos si celebrará este día junto a ella. Por el momento no hay nada confirmado, y las fotos de ambos en actitud cariñosa son casi inexistentes. Tendremos que conformarnos con verles como pareja en la tercera parte de la Saga Crepúsculo, Eclipse, que se estrenará el próximo 30 de junio.

- Como ha cambiado... Parece mentira que ya hayan pasado 7 años, ¿no? -dijo mamá.

- Sí... Parece irle bien -respondí, mientras asentía con la cabeza.

Aún recuerdo nuestros días juntos...

Yo había llegado a Inglaterra cuando tenía 12 años. Era la primera vez que la visitaba, y pasé todo el verano allí. Luego regresé a España, mi país natal. Ese primer año de estancia me encantó. Podía comunicarme perfectamente (mis padres me enseñaron inglés desde muy pequeña) y adoraba el ambiente.

Al año siguiente volví a ir, pero decidí apuntarme a la Compañía de Teatro Barnes. Hacían cursos de verano donde estudiantes matutinos se relacionaban con visitantes y hacían obras juntos.

Allí le conocí. Él tenía 15 años, yo 13. Todo el mundo me miraba y murmuraba a mis espaldas. Me llegué a sentir algo incómoda, pero era normal. Era una novata. Nos tocó hacer una obra juntos y empezamos a relacionarnos. Teníamos gustos comunes y personalidades parecidas. Pronto nos hicimos amigos inseparables. La gente empezó a decir que éramos novios debido a nuestra complicidad, pero sólo nos veíamos como buenos amigos. Bueno... Yo, al principio.

Nos volvimos a ver al siguiente verano, y mis sentimientos ya habían cambiado. Él no parecía darse cuenta y estaba claro que no sentía lo mismo que yo. Entonces todo se complicó.

A mi madre la diagnosticaron cáncer de pulmón.

No pudimos volver a Inglaterra.

Perdimos el contacto.

En 2004, mi abuela, una de las personas más importantes en mi vida, falleció en el atentado de Madrid, el 11 de marzo. *

Después sufrí acoso escolar.

Caí en depresión.

Mi vida fue una auténtica mierda y he conseguido superarlo. Era tímida y algo introvertida. Ahora no me da miedo decir lo que pienso, los chicos me consideran sexy (algo que en el pasado era impensable) y tengo un montón de amigos.

Cuando veía a Rob en reportajes, revistas o películas recordaba al chico con el que compartí algunos de los mejores momentos de mi vida. Pero también veía al bombón de Crepúsculo, aquel hombre sexy, de 23 años, que robaba el sueño de las adolescentes (y no tan adolescentes). Me sorprendía cuando decía en las entrevistas que era tímido. De eso nada. Él sabía muy bien lo que hacer cuando se le acercaba alguna chica que le interesaba. Cierto que no era de hablar, pero su mirada y su sonrisa hacían todo.

"Rob, Rob... Sí que has cambiado", pensé.



* El atentado al que hago referencia, para quien no lo sepa, ocurrió en el año 2004, en Madrid, capital de España. Pusieron bombas en los trenes que salían en la hora punta, por la mañana. Murieron muchísimas personas. Se le conoce como el 11-M y es algo que ha marcado la historia española.

Nota de autora

Hola a tod@s. Este blog lo he creado para colgar una historia que estoy escribiendo sobre Robert Pattinson. Se llama "My Time With You" y espero poder compartirla con quien quiera leerla. ¿El argumento?

Raquel es una chica española de 22 años que debido a la obtención de un trabajo debe viajar a Estados Unidos. En Los Ángeles empezará una nueva vida con nuevas costumbres, nuevos amigos... ¿O quizá no tan nuevos? ¿Y si se encontrara con un ex-compañero de clase convertido en sex symbol? ¿Le verá como amigo o no podrá resistirse a sus encantos?

Aviso: este fanfic es para adultos.

Sin más dilación... el primer capítulo.