
Mi piel se erizó al instante. El beso era lento, tortuoso y sensual. Sus labios recorrían los míos con una facilidad increíble. Mis manos seguían apoyadas en la mesa que tenía atrás. No sabía qué hacer. Sin embargo, sus manos estaban posadas en mi cintura, apretándome a él. Y a "él".
Entonces, supe lo que estaba pasando. Todo era muy precipitado. No sin esfuerzo, puse mis manos en su pecho y le aparté de mí. Los dos respiramos agitadamente, y él me miró confuso.
- ¿He hecho algo malo? -preguntó.
- Bueno... Hace un montón de años que no nos vemos, nos reencontramos y de repente esto... No sé que pensar.
Él se apartó un poco de mí, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y agachó la cabeza.
- Bueno... No me he podido resistir... y después me has besado y... me descontrolé...
Un gemido amenazó con salir de mis labios. ¿Cómo podía ser tan extremadamente sexy?
- ¿No te ha gustado? -me preguntó, mirándome.
- No... Bueno, sí. Pero... no sé... Ha pasado tanto tiempo...
Ambos nos quedamos en silencio durante unos segundos. Entonces él habló.
- ¿Nunca has tenido una aventura?
Creí que me desmayaría.
- ¿Qué?
No contestó, sólo me miró fijamente.
- Sí, alguna noche, pero eso es diferente... Tú y yo nos conocemos desde hace años...
- Pues mejor -dijo, volviéndose a acercar-. Hay más confianza.
Instintivamente, eché mi cabeza hacia atrás. Él captó el gesto y se paró.
- Está bien, no haré nada que tú no quieras -dijo, agachando de nuevo la cabeza. Parecía haber encontrado el césped de lo más interesante en ese momento.
"Joder, capulla, esta es tu oportunidad... No la dejes pasar... Mejor esto a nada..."
No pude controlarme. Alcé su cabeza y le besé apasionadamente. Él pareció sorprendido, pero después me respondió gustoso. Sus manos volvieron al sitio en las que se encontraban al principio, agarrando mi cadera. Las mías se colocaron en su nuca, intentando mostrar con ellas mi necesidad al acercar su cara a la mía aún más. Volví a sentirle, duro y excitado, contra mi estómago. Gemí, menos mal que en voz lo suficientemente baja para que sólo me oyera él.
- ¿Tienes algún lugar en mente? -dijo, entrecortadamente.
- Ven -respondí.
Fuimos a mi coche. Ni siquiera nos despedimos. Ambos estábamos demasiado excitados. Mis pezones se notaban a través de mi vestido, y el bulto en su pantalón era más que evidente. Empecé a conducir hacia mi casa, algo distraída, ya que Rob no paraba de acariciarme el muslo.
- Rob... Si no quieres que tengamos un accidente, deja de hacer eso.
- ¿Por qué? ¿Te desconcentro? -preguntó, acariciando un poco más arriba.
Me mordí el labio inferior.
- Bastante.
Él paró, pero no dejó de mirarme en todo el trayecto. Sus ojos, totalmente oscurecidos, me observaban hambrientos. ¿Por qué se me estaba haciendo el viaje tan largo? Oh, sí. Porque estaba caliente. Muy caliente.
Banda sonora: El Templo del Placer, Lucybell.
Al fin llegamos a nuestro destino. Bajamos apresurados y yo saqué las llaves. Estaba tan nerviosa que no atinaba a meterlas en la cerrradura. Al fin pasamos dentro, cerré la puerta con el pie y volvimos a lo nuestro.
Nuestros labios volvieron a encontrarse, pero esta vez con nuestras lenguas. Éstas hacían una danza erótica en nuestras bocas a la vez que nuestros brazos recorrían nuestros cuerpos.
Él cogió mis manos y las puso sobre la pared, sujetándolas con las suyas. Empezó a besar mi cuello, enterrando su cara completamente en él, pegándole pequeños mordiscos que hacían que yo gimiese.
Mi respiración estaba completamente acelerada, al igual que la suya. No sé cómo, conseguí zafarme de su agarre y le llevé hasta mi habitación. Allí le empujé suavemente y le senté en la cama. Él parecía disfrutar con todo eso.
Empecé a quitarme el vestido lentamente, hasta dejarlo caer en el suelo. No llevaba sujetador. Él se levantó y empezó a besar mis pechos. Yo puse mis manos en su cabeza, dejándole claro lo que quería. Empezó a chupar mis pezones y ahí fue cuando me di cuenta del efecto que podía causar en mí.
- Rob... joder... -murmuré, arqueando mi espalda para que tuviera un mejor acceso.
Él pareció entender y los empezó a morder suavemente, haciendo que mis gemidos se intensificasen. Pero todavía tenía demasiada ropa.
Le aparté y le quité la chaqueta y la camiseta, dejándole desnudo de cintura para arriba. Pasé mis manos por su clavícula, por su pecho, su estómago, y cuando me aventuré a acariciar bajo el ombligo, todo su cuerpo se estremeció. Recorrí con mi dedo índice aquella línea de vello que llevaba hacia aquel lugar prohibido que deseaba tanto.
Nuestras bocas de nuevo se unieron, mientras yo desabrochaba los botones de su pantalón y le bajaba la cremallera. Con un movimiento de piernas se lo quitó, y entonces ambos quedamos igualados, tan solo con una prenda de ropa encima.
Él me cogió al estilo novia y me dejó en la cama, suavemente. Después, empezó a besar el hueso de mi cadera, pasando su lengua y humeciéndolo. Bajó un poco más y arrastró con sus dientes mis bragas hasta quitármelas.
Giré y me coloqué encima de él. Empecé a besar su cuello, moviendo mis caderas encima de las suyas, haciendo que nuestros sexos tuvieran un mínimo de contacto. Él gimió.
- ¿Te gusta? -pregunté, mordiendo el lóbulo de su oreja.
- Joder, Raquel... Me vuelves loco... -gruñó.
Eso aumentó mi ego. Seguí bajando, haciendo un camino de besos a lo largo de su cuerpo hasta llegar a mi destino: sus boxers. Allí mordí suavemente por encima de la tela.
- Joder... -gimió.
Poco a poco se los fui bajando, y su miembro erecto quedó a la vista. Estoy segura de que mis ojos se abrieron desmesuradamente.
- ¿Te gusta lo que ves? -dijo.
Yo le miré a los ojos.
- Sí... Nunca me hubiera imaginado este tamaño...
Él giró para volver a colocarse encima mía. Sus dedos fueron hasta mi sexo, comprobando si estaba preparada.
- Rob... por favor...
- Joder... estás increíblemente mojada...
- Sí... Rob, te necesito... ahora...
No se lo pensó y entró en mí de una estocada, moviéndome hacia arriba en la cama. Yo grité.
- ¡Rob!
Empezó a moverse, al principio lentamente para después aumentar el ritmo.
- Dios... Raquel, estás... tan estrecha...
- Rob... más rápido... por favor...
Siguió con sus embestidas frenéticas. El cabecero de mi cama golpeaba contra la pared, y los muelles empezaron a sonar. Los dos estábamos sudando, y empecé a sentir como llegaba mi orgasmo.
- ¡Robert! ¡Me... vengo...!
- ¡Sí! ¡Joder, vente para mí!
Acabamos a la vez, exhaustos y con una sonrisa en la cara. Él apoyó la cabeza en mi pecho y yo cerré los ojos. Había sido...
- Increíble -dijo él.
Me ha encantado!!! Que suerte tieneeeee!!
ResponderEliminarNos leemos
Besines
Genial ...uffff
ResponderEliminarEspero el proximo!
Besossssssssss